Le es vital al hombre [como a una nación] recibir honores de parte de sus coetáneos. Al cabo de un tiempo, se genera una suerte de familiaridad, que no le será impropia ni desfavorable. Esto es así, pues en el soliloquio de la soledad solo se agita el desconsuelo.
QUIEN MEDITA Y SE ARMONIZA ENCUENTRA SU REGENCIA. [ALCANZA FRUICIÓN.]
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