Yo también fui antaño un columpiador de árboles, y muy a menudo sueño que volveré a serlo. Cuando me encuentro cansado, en medio de mis meditaciones, empiezo a ver el bosque sin caminos seguros. Mis ojos lagrimean, por causa de la brizna. Eso me obliga a alejarme un tiempo [para luego volver]. Que nunca quiera el destino comprendiéndome mal otorgarme la mitad de lo que anhelo. Que nunca la vida me niegue el regreso a la tierra. Nada hay para el amor como la tierra y el hogar que uno añora. Ignoro si existe algún sitio mejor, algún otro suelo. Más quisiera encaramarme sobre las ramas de un robusto abedul, y alcanzar el blanquecino tronco, lograr de este modo un poco el cielo. Volver sería un logro, regresar sería hermoso. Hay cosas peores en la vida que ser un columpiador de árboles. […Un objeto suspendido, inerte en el destino].
A la memoria de Robert Frost (1874-1963).
A la memoria de Robert Frost (1874-1963).