La heroína sigue aferrada a su vacío dialéctico ahí en la cornisa. Y el bruto, siempre obsecuente, tironea cada vez más de la estructura. El poeta contempla, con impávido gesto el evento y escribe… “En este país nos pegan a todos”. He aquí la indolencia, imposible de frenar. Mientras que nosotros, súbditos despreciados, inmersos en este caserío maldito, solo anhelamos pan y cultura [y un orden contra la muerte]. La rectitud y la calma sirven entonces para librar al cuerpo de la humillación. Deshonrar y condenar solo nos volverá a la piedra. Por eso este es el momento de mirarnos los unos a los otros, y de avanzar sin miedo. Pronto será todo esto un mero recuerdo. Un despojo inaplicable. [QUIENES SE ENCUMBRAN Y GENERAN EL FANATISMO ATRAEN PARA SI EXECRACIONES]. En memoria a un amigo, ya extinto, Don Carlos Vladimirsky. Inspirado en su pequeño libro “las palabras y el deseo".
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